viernes, 6 de enero de 2012

2:40

Te atréves a abrir la boca y comer de otra mesa, cuando en la mía hay mucho más que sólo yo, sentada, con un cofre infinito de placeres y delicias, y una madre que podría amar tu carne.


Un par de zapatos, llenos de polvo, pero intactos. Tú, nunca los usas.
Comenzando por no leer las instrucciones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario